June 19, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 925 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
Pincho va trotando por el pajonal, se aleja airoso de las voces humanas ya difuminadas con el viento. Igual, por el jardín de chuquiraguas, los bípedos también se han dispersado, cada quien tomará el rumbo que les ofrece esta jornada dedicada a la línea que une a los dos Pichinchas. Nadie preguntó hacía dónde iban antes de romper filas, sin embargo, si hubiese que dar una respuesta sería: aquí no más, a darle una vuelta al Rucu, hasta que llegue el momento de devolvernos a la jamelga promediando la tardecita. Los tres caminantes que van por el filo, abren sus sentidos a la lustrosa dentadura del pico Cundur Huachana. Kantoborgy ha vuelto a su tranco de rigor y se prepara a hacer otras progresiones en el fondo que une el celeste del cielo con las testas grises de los animales andinos.

June 16, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 952 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
-Para no oír tus quejumbres, Kantoborgy, te doy una muestra “sangrante” de lo que voy a escribir inspirándome en lo acaecido en las lagunas de El Compadre, ya me dirás qué te parece: …al cabo de dos vivaques consecutivos se acabaron los enlatados de atún que habían traído consigo los excursionistas, sobreviniendo un apetito sin atenuantes y, el Aqueronte, muerto de hambre porque no sólo de alucinaciones vive el hombre, inició una agresión campal en la que mostró lo mejor de sí repartiendo leña como un endemoniado a sus camaradas…


June 12, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 936 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
-Lo rebasé al ilustre mucho antes de dar con el filo del cráter –repicó, Lovochancho, y relamiéndose del gusto acota-: Vos tienes el prurito de agotarlos a tus “invitados”, aunque la víspera los enganches con el espejismo que les ofreces, el paraíso de las hurís en la montaña tropical. Mas, apenas posas las garras de tus miembros inferiores sobre terreno irregular te olvidas de su presencia y los abandonas a que se defiendan por sí mismos; si no fuese un veterano asistente a tus banquetes esteparios, ya estaría abrazado a una piedra como tu otro huésped y aullando, “¡ni un paso adelante!”.

June 10, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 937 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
Pincho no se guió por la huella química que fue levantando su amo, sino que buscó una vía acorde con su cuadrúpeda capacidad de subir sin fungirla de temerario. Asimismo, debido a su imposibilidad de escalar, acabó separándose de Lovochancho porque éste, una vez que dio con la caldera, se decidió a continuar por el sube y baja del filo dentado. Siendo que en un reciente pasado ya enfrentó este tipo de circunstancia sobre el Guagua, discierne que debe descender un tanto para empatar con una diferente ladera y subir sesgadamente por ella hasta reencontrarse con los otros dos ascensionistas. Pincho asume que es una variante de los ejercicios de rastreo, se entusiasma por el reto que le han lanzado Kantoborgy y Lovochancho, el que traduce como un vamos a ver cuán rápido nos descubres amigo lobo.

June 05, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 928 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
Lester, instintivamente, se pasmó para preservar su salud. Esta efímera ascensión fue suficiente para que mastique impotencia, asume que su desentendimiento con la altitud fue patente, viniendo a experimentar síntomas del mal de montaña, soroche, por su falta de aclimatación a las alturas que sus dos amigos sí disfrutan y avanzan como si estuvieran en el bosque trasero de su vecindario. Apenas se movió para apoyarse en una roca que se amoldó a sus espaldas, se ve como un lagarto ávido de recibir las vitaminas solares y almacenar el combustible vital que luego le servirá para derrochar energía en el páramo. Está empeñado en darle la vuelta a esa indefinible laxitud que atormenta a la hormiguita que es cuando libra obstáculos empresariales. El malestar va cediendo conforme viene resignando la intención de subir más, “¡hasta aquí llegué, ni un paso adelante, carajo!”.

June 03, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 957 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
El doctor M. Puertas le recetó al gótico irse de caminante a la cresta del Cho-Oyu tal como a él, Lovochancho, le recomendaría que se distraiga de su saturación especulativa yéndose de paseo por la línea que separa al incandescente Guagua del adusto Rucu. ¡Vaya terapeuta ochomilero que vino a ser El científico! Lo curioso es que el otro, bien mandado por su médico de cabecera, se fue de diletante a unas alturas que él, Lovochancho, sólo visitará cuando un extraterrestre le obsequie no únicamente “la doble y única piel” que reivindica Kantoborgy en uso cabal de su imaginación, sino el “chaleco levitador” que, en la ficción dura de A.C. Clarke, sube al techo del mundo a un célebre parapléjico.

May 29, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 1169 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
Kantoborgy, por no sé qué gracia hacia su inveterado amigo M. Puertas, se comidió a hacerle caso en su perorata de los refuerzos, e hizo un alto en sus proyectos sobre las paredes de la estulticia para irse a distraer en algo más ordinario, que apeste a muchedumbre, a saber: trasladarse al monte Cho-Oyu en temporada alta. Grosso modo, navega en el discurso alegre que le soltó El científico, ya libre de la jerga de los refuerzos, relajándose con el vino que despabila su otra lengua, la de largo empuje del existente.

May 27, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 1185 veces | [Invita amigos/ Mail to a friend]
Kantoborgy, avanza por el corto ascenso al punto culminante del cráter del Guagua-Pichincha; no hace mención de regresar a ver atrás, desentendiéndose de sus “ilustres invitados a engordarse con el aliento a azufre del leviatán”; éstos sabrán si siguen por la vía empinada que él escogió o si se acogen por inercia a la ruta zigzagueante que bordea el arenal. Asciende pegado a las rocas, rumbo al filo dentado de la bullente caldera del volcán, abriéndose camino por el arenal que a su diestra asoma impoluto. Anda con el prurito de evitar los senderos trajinados; por la senda que eligió, le es posible estampar la huella de sus botas y sentir que es la primera vez que pone sus pies allí. Cargando el considerable peso de la mochila ochomil, rompe la uniformidad gris del húmedo suelo, moldeando el futuro.

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