Ya no es un sueño esto de andar, a propósito perdido, por las dunas de Krizofilax Equinoccial. Este laberinto volcánico que respira a cada paso que da contra corriente, aun ayer era parte de una leyenda que se pasaba en radio Marañón, y él, LG, había conectado con la personificación que ahí se hacía del dragón que agarró gusto por jugar a las escondidas, convirtiéndose esta suerte de distracción en un acto religioso, huir por lo sano es su religión.
Entonces, el futuro triple-ingeniero LG, se convencía que él también, de una, hubiese creado su quinta San Agustín -superando a la original en el rendimiento y calidad de los suelos- si le caía, de sopetón, una porción del oro de Quinara como al doctor Morris. Otra cosa era aproximarse al ideal con el sacrificio de los años, mientras se hacía realidad la terra petra en la comarca de su infancia, San Antonio de las Aradas, a un precio que no estaba dispuesto a pagar.
Esta jornada empezó mostrando un azul radiante rumbo a la flamígera canícula de tierras altas, empero se fue atemperando dentro de la templada nube traslúcida que cautivó el espacio y tiempo de los dominios de Krizofilax Equinoccial. Los caminantes se dispersaron para concebir la disipación que les corresponde en el entresijo horizontal de lo femenino herboso.
Krizofilax Equinoccial, desprovisto del don de volar, se resignó a ser mutante bajo su condición de dragón terrestre cabal; esto trajo que se prolongue en él un constante sentimiento de originalidad dentro de un hábitat donde no tiene par. La soledad volcánica lo hizo tomar conciencia de su capacidad evolutiva, tenía el favor de la ciencia infusa que de a poco desarrolló: huir de la estupidación fue algo innato en él. En principio engañando aun a su padre nutricio, el Cíclope, que por esa capacidad de mimetizarse en sus dunas volcánicas lo creía erróneamente un cobarde.
Herbosas dunas de residuos volcánicos hacen el hábitat del arisco reptil antediluviano que se negó a ser una mole incrustada en la cordillera de Los Andes, este mutante quiso sufrir las consecuencias de su orfandad dragonil antes que petrificarse en un magnífico paisaje como su fotogénico pariente el Dragón Rojo... Así podría rezar el inicio renovado de la leyenda oral que de Krizofilax Equinoccial se pasa desde la radio del domo de El Panecillo.
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